Automatismos y la banda sonora de la vida

Una vocecilla pregrabada de ascensor dice “Abriendo puertas…” y tú, absorbido por un conocimiento casi arcano, completas “cerrando heridas” al ritmo de la canción que hizo popular Gloria Stefan allá por 1995. ¿No soy el único, no?

Parece claro que el paso a la psique colectiva de ciertas músicas, canciones o soniquetes, hace que se inserten en el lenguaje, con capas adicionales de significado. Podríamos callar y asumir que es un automatismo. Podríamos pensarlo y no decir nada. O puedes “contestar” y recopilar las miradas, amables o no, de los demás usuarios. Alerta spoiler: mola más esto último.

Suena la campanita, salivamos. Suena la melodía reaccionamos. Suena una frase… la completamos. Respondemos como si fuéramos el resultado de actividades de PSYOPS (del inglés, Psychological Operations) o pobres animales para experimentos de un científico seguramente no diagnosticado, pero probablemente loco. O excéntrico, dependiendo de cuántos fondos tengan sus investigaciones.

El día a día, de forma más o menos consciente, lo vamos pasando entre tarareos y silbidos, mentales o sonoros. En contextos muy diversos y en función del acerbo de cada uno. Desde los Beatles a Lana del Rey, de Rocío Jurado a C. Tangana, de Aznavour a Zaz.

 

Hi! My name is…

Dublin, Academía de Inglés Delfin. Profesor pregunta, alumnos responden. Compañero dice “Hi! My name is…”. Mi cabeza se va a Eminem y mi respuesta, en voz alta es “What!?”. Cuatro alumnos, incluido él, que ya hay confianza, se ríen. El resto no entienden nada. Con razón.  Y menos cuando en el segundo intendo dice: “Hi! My name is.. “, hace paradiña, me mira y mi respuesta es “Who?”

Ir pasando el día con piezas musicales y canciones en la cabeza es entretenido, pero a veces genera altos niveles de disonancia alrededor. Y la disonancia ayuda a fijar algo en la memoria. Para bien y para mal. Tienes que seguir viviendo en esa ciudad. O no.

Este “juego” opera también con piezas musicales sin canción. Instrumentales que las llaman.

Quizá estás haciendo algo con sigilo con Henry Mancini tocando su composición para la película de “Pink Panther” de 1963 (La Pantera Rosa)

O puedes sentir que estás haciendo algo arriesgado, complejo, peligroso, como cambiar una bombilla y que en tu cabeza la composición de Danny Elfman para “Mission: Impossible”.

 

Cada loco con su tema…

Como apuntaba, esta dinámica está ineludiblemente ligada a la mochila que cada uno cargue, con sus experiencias, referentes y conocimientos musicales en este caso. Con su capacidad para entender idiomas, también. Porque pasarnos años cantando a nuestra manera (entre lechugas pochas y pollos hembra) “You have to do do what they told ya!” del “Killing in The Name” de Rage Against the Machine, es algo que quizá gente nacida en los 2000 y con mejor dominio del inglés, no haría. O sí.

Porque además de las palabras, usar fragmentos de canciones, como quien usa refranes o pasajes de la Biblia, incorpora otras capas de significación, de situación, de qué has vivido. Seas una princesa más “let it go”, una madre guerrera “shake it up” o estés facturando entre Rolex propios y Casios ajenos. Porque cuando un amigo dice que se va, puedes gritarle “Quédate, que la noche sin ti duele…” o “Por eso, vete, olvida mi nombre mi cara, mi casa y pega la vuelta…”. Cada loco…

 

Usar lo común para componer y crear…

Si cuando un producto cultural, en este caso una canción, incorpora una frase o idea, ¿podríamos usar el mecanismo para crear un producto cultural? Me explico, siguiendo esos patrones de respuesta casi automática, si alguien que ha usado el servicio de trenes de cercanías de Madrid, escucha “próxima parada…” a mí me salta “La Serna, Fuenlabrada”. La costumbre. Pero no me extrañaría escuchar una canción con la letra: “Próxima parada… la que tengo aquí colgada”, “Próxima parada… mi jefa. Que está colgada” o yo qué se. Y partiría con terreno compartido ya ganado.

Sucedería parecido si ciertas entidades rescataran productos culturales reconocibles en otra época y los trajeran a ésta. Imagino esos carteles de la DGT “Precaución, amigo conductor, la senda es peligrosa” con referencia a Perlita de Huelva. Algo parecido a lo que ha sucedido con el equivalente español al “#metoo” que ha enganchado el “Se acabó” que popularizó María Jiménez.

 

Aplicación práctica: generar himnos “informales”

Canción: “Mama”, álbum “Bohemian Rapsody” de Queen.

En una sección, cantan: “Carry on, carry on, as if nothing really matters”. Pero llevo años cantando “Carry on, Carry on… To Carrión de Catalatrava”. Campaña financiada por Turismo de Carrión, ¿Que no?. ¿Podría ser “Mama” el himno no oficial del Ayuntamiento de Carrión de Calatrava? ¿O queda para remate y cierre de la orquesta en las fiestas patronales? Dependerá de cuántos jueguen al juego.

En definitiva, entre otras apropiaciones del graderío, llevamos lustros escuchando “Somos campeones del mundo” con música de “Seven Nation Army” de White Stripes.

Subirse a hombros de gigantes, ahorra sudores. Y hace que pases el día, mucho más entretenido.

 

 

Un recuerdo cariñoso (sin patrocinios)

Hace años, de vuelta de una excursión con unos amigos y su hija pequeña, estaba ésta un poco ponzoñosa. Cansancio y falta de sueño. Para salir del bucle siempre funciona… salir del bucle. Y nos centramos en cómo la melodía de Mercadona, el “mercadooooona, merca do na” es tan reconocible como fácilmente extrapolable a cualquier otra marca siempre que ajustes al canturrear… “Carrefu u ur, carre fu ur”, “coon su u um, coonsu um”, “hache pe e e, hache pe-e”…  Ante tal despliegue de canturrismo aplicado, la pobre no sabía ya si llorar o reir o qué. Pero la realidad es que ese momento, por disonancia, se ha impregnado en el anecdotario de todos los presentes. La disonancia aumenta la notoriedad y fija en la memoria.

 

This is the end…

Un guiño cariñoso a mis compañeros de batallas en las canchas del Sportsco (Dublin) que me padecían en la rutina previa al comienzo: “Are you ready… are you ready for love…” al ritmo de Elton John pero se echaban en brazos del “This is the end, my only friend the end” cuando estábamos listos para la reanimación cardiopulmonar.  A shout-out to you guys, hope you’ve learnt Spanish already.

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